No puedo vivir sin ello

Lugar: Fundación Vallpalou. Lleida.

Fechas: Del 26 de octubre de 2017 al 2 de julio de 2018.

Inauguración: Jueves 26 de octubre de 2017 a las 19.30h.

Comisaria de la exposición: Glòria Bosch.

Textos: Jaume Pont, poeta

Crítica: Glòria Bosch.

Presentación del Libro de Artista ‘Blanc (ser on no ser)’, obra conjunta de Víctor Sunyol y Vall Palou.

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Glòria Bosch
No puedo vivir sin ello

El movimiento constante y el desarrollo que comporta el mundo misterioso de la expresión. ¿Cuál es el dispositivo que genera círculos de afinidad desde la diferencia? ¿Qué es lo que se mueve dentro y nos hace llegar a cosas que tal vez ni pensábamos ni queríamos decir? ¿Qué quiere decir todo eso de “no puedo vivir sin ello”? ¿La creación como un lenguaje desconocido? ¿Devenimos el apunte de transmisión que valida una colaboración? ¿Dónde están los otros que nos habitan?

No quisiera ceñirme a los códigos que podrían etiquetar, fácilmente, una gran cantidad de conexiones con los lenguajes que nos son de sobras conocidos dentro de la abstracción, del informalismo… La identidad creativa es un hecho complejo porque todo se mueve en un proceso constante, como la vida, las circunstancias, lo que nos rodea en cada momento, los contornos y los abismos infinitos de nuestras propias intuiciones. En definitiva, lo que propongo es generar complicidades a través de las resonancias, las intuiciones, los silencios que nos habitan y nos permiten a nosotros, espectadores, crear un diálogo con la autora.

Ella, Teresa Vall Palou, no es una autora dada a hablar y precisar aspectos de su obra, alejándose siempre de todo aquello que puede llegar a perpetuar un cliché, pero sí nos deja ver cómo trabaja, de una manera abierta, de acuerdo con la fluidez de una circulación que nunca se detiene. No quiere dar pistas que confundan la mirada limpia a las piezas (no encontramos títulos sino composiciones) y valora por encima de todo la diferencia que nos permite salir de un interior cómodo, demasiado bien acostumbrado a las rutinas, para adentrarnos en todo aquello que puede ser desconocido. Nunca recalca qué es lo que querría decir de su propia obra, como pasa tantas veces con el afán de proyectar límites y con los miedos que no permiten avanzar. Quiere que circulemos libremente para abrir diálogos en los que cada cual pueda entrar a compartir su mundo y salir con su propia experiencia. Quiere que leamos desde nuestra percepción íntima y que seamos nosotros los que nos lancemos de manera libre a interpretar.

Pero también hay un rastro inevitable que, de alguna manera, nos marca a todos y me interesa mucho descubrir relecturas sobre su propia obra, como si escribiera encima de lo que ya ha sido escrito después de borrarlo. De hecho, es una especie de palimpsesto que tiene que ver con la idea de proceso creativo, cuando tanto las ideas como los conceptos aparecen a lo largo del tiempo de una manera diferente y se reescriben en un contexto nuevo. Muchas veces me he preguntado a mí misma sobre esta lectura transversal de días y años. Al final, me doy cuenta de que mi (tuyo, vuestro) tránsito por la vida es como un grattage, una necesidad de borrar (¡pero nunca del todo!) para volver a escribir.

A la poeta y ensayista Chantal Maillard también le llama la atención esta facilidad con la que reducimos a una persona a unos pocos datos, porque “una persona es una multitud de fragmentos, su vida no es una historia, sino un mapa o, mejor, una retícula o un rizoma que ofrece itinerarios diversos, cada uno de los cuales daría pie, si lo siguiésemos, a construir una historia distinta de las otras” (1). Es un planteamiento que comparto y me ha hecho avanzar en mi manera de entender al ser humano con todo lo que se deriva del encaje arte-vida, muy en consonancia con la actitud que proclama Vall Palou. La metáfora de la baba del caracol, como titula su ensayo Maillard, nos lleva hacia la expresión integradora del poetizar.

A medida que camino por su taller, recorriendo obra de diferentes etapas, mirando objetos, cerámicas y esculturas, observo otro punto decisivo de su proceso: trabajar a partir de un objeto encontrado y establecer encajes de ideas, percepciones, intuiciones… Y al oído, mientras sigo avanzando por este laberinto en su compañía, vuelvo a escuchar en voz baja el murmullo de otro tiempo vivido en mis inicios por los senderos del arte, el mundo intuido que había encontrado en los conceptos visuales y literarios de Italo Calvino. La validez de aquellas propuestas que él preveía como parte esencial de otra manera de percibir el mundo, ahora que ya estamos en el milenio que le corresponde y no es predicción, vuelven a manifestarse en este “todo es posible” que nos da la combinación y la multiplicidad de los lenguajes creativos. ¡Existir ya es esto! Existir es una estructura abierta que necesita respirar para no quedarse ahogada en lo concreto, y la obra, tanto la que ya es un resultado físico como la que está en proceso, se puede montar y desmontar tantas veces como se quiera, romper con un jo soc (2) que –para muchos- es tan sólo una falsa solidez a la que aferrarse, donde sentirse a gusto con cualquier afirmación enquistada en el tiempo.

Esta propuesta expositiva en la que se invita a un historiador del arte y a un poeta, me parece muy interesante por las diferentes versiones e interpretaciones que se pueden hacer cada vez de una obra. Y sí, no puedo vivir sin ello, porque el arte es una parte de este proceso para descubrirnos que, con las herramientas adecuadas para provocar y sorprendernos, nos sitúa en cada uno de los espacios del recorrido como si fuera un círculo de afinidades que se desdobla en una síntesis-antítesis, desplegando la diferencia de registros de Vall Palou. Un proceso abierto donde generar contrastes es lo más evidente como conjunto visual y al mismo tiempo como composición individual, siempre entre ritmos expresivos que desbordan cualquier mundo prescrito para habitarnos.

Luz, materia, color, transparencia (lo que se vislumbra por debajo de cada composición), opacidad, gesto, espacio, tiempo (lo que es palimpsesto de registros acumulados en la trama de un decurso infinito), azar…, un cúmulo de referencias que no estarían presentes sin el vacío y la ausencia. Aunque encontramos que la mayoría de las obras son de producción reciente, también se incluyen algunas que permiten abrir el arco del tiempo como si fuese una conversación en tránsito, una renovación constante de la percepción íntima.

La necesidad de abrir caminos en red para rehuir lo que ella no querría nunca –es decir: inscribirse en un cliché—, nos lleva a la escultura desnuda, el blanco de los muros con el blanco de unos volúmenes donde hay que valorar no sólo las formas, sino cada accidente de la materia; la pintura rascada y reescrita, como un palimpsesto de transparencias líquidas donde se diluyen las tramas con las piezas de cerámica blanca; el diálogo de la huella pictórica más austera con las líneas volumétricas que transitan, entre dos salas, para llevarnos a la gestualidad de una pintura que convive con la escritura; el tejido recuperado, con su propia huella, y transformado con la inserción de letras que abren y cierran alfabetos caligráficos, encuentra el otro objeto donde reflejarse: un marco antiguo de espejo que acoge su mundo más convulso de la línea; y ya, finalmente, el papel con todas las cualidades, otra vez el blanco que nos abría paso en el primer espacio, con dibujos, grabados, el planteamiento del libro objeto que recoge la poesía.

El papel, y especialmente el grabado, nos llevan a una magnífica exposición, realizada en esta Fundación. Gènesi 2015, al cuidado de Josep Maria Sala-Valldaura, nos situaba de lleno en la afinidad que se produce entre la hoja blanca del escritor y la tela del artista, la complicidad que permite establecer conexiones a la hora de avanzar por caminos que desconocemos. Y D´això, no me´n sé estar, porque son los interrogantes múltiples los que permiten formar la pregunta sin respuesta o devenir, como decía Clarice Lispector, un paréntesis que nunca se cierra. Movimiento, tránsito, vida… ¿Qué es existir sino hacerse y crearse?

Glòria Bosch
Traducción del caalán: Lorenzo Plana

(1) Chantal Maillard, La baba del caracol. Madrid/México, Vaso Roto, 2014. p. 69.
(2) Glòria Bosch, Qui sóc?. Museu d’Art de Girona/ Llibreria Sala Blanquerna de Madrid/ Sala Ibere Camargo. Usina del Gasómetro de Porto Alegre, 1999.

Estallidos / Éclats

Lugar: Centre d’Études Catalanes de l’Université Paris-Sorbonne. París.

Fechas: Del 4 de mayo al 12 de junio de 2017.

Inauguración: Martes 4 de mayo a las 18:00h.

Comisarios: Vicenç Altaió y Josep M. Sala-Valldaura.

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Ximo Company
Latidos

VALLPALOU
FACERE, INGENERARE

En estos momentos, en la Cataluña occidental, Vallpalou es la artista más prominente. La que más trabaja en el silencio creativo de su obrador. La más fecunda con creces. La que más cosa -que no cosas- tiene que decir en términos de lenguaje expresivo, pictórico y plástico. La que más depura y alambica lo que hace. La que mejor ha destilado una poética seria, convincente, propia, compacta .La que mejor nada a contracorriente. La que con más personalidad sabe permanecer al margen de todo y por encima de todo. Sin duda, también, la que más lejos se encuentra de la plaza de Sant Jaume de Barcelona. La más solitaria. Quizás la más desconocida. Pero también la más sobria, la más libre y auténtica del país.

Insisto, Vallpalou es hoy, con creces, la artista más prominente de la Cataluña occidental.

Artista de cuajo, y hecha toda ella con imprevisibles dosis de manus et ingenium, Vallpalou opera con una libertad creativa extraordinaria, difícil de calificar y parangonar; inimaginable. Signo, gesto, ductus, materia densa y a la vez líquida, transparente, amasada, manipulada, dripping, soporte, pinceles y utensilios de todo tipo se entrelazan y se conjuntan en la infatigable -e insubornable- mente progenitora de esta artista catalana, que casi siempre culmina sus obras con unas explosiones cromáticas que metamorfosean y descarnan la materia hasta alcanzar epidermis plásticas insospechadas.

Vallpalou opera siempre con unos cromatismos inauditos, del todo sorprendentes, infrecuentes, personalísimos; cada obra suya, hecha y rehecha, reencarnada, acaba siendo, por fuerza, un unicum.

Vallpalou es poco lineal, nada convencional. Difícil de dilucidar. Afortunadamente.

Vallpalou, además, se rebela, día a día, minuto a minuto, contra lo sabido. Y entra, de lleno, día a día, minuto a minuto, en lo arcano. Necesita explorar lo desconocido. Necesita hacer y deshacer lo hecho para volver al facere, para volver a ingenerare. Esta es la grandeza de Vallpalou: hacer y deshacer para volver a hacer y proporcionar carne nueva a su propia obra, a todo lo que esta artista, sin parangón, día a día, produce y encarna.

A menudo, esto, Vallpalou lo consigue con un pequeño toque cromático o con pequeñas líneas gestuales …, pero también -y este es otro gran rasgo diferencial de su desbordante creatividad-, Vallpalou esto lo puede lograr construyendo los silencios matéricos y conceptuales más extraordinarios -y adultos- que actualmente se están produciendo en el escenario creativo de toda Cataluña.

Silencios que crean estupefacción, silencios que estremecen, silencios matéricos y conceptuales, silencios de una elocuencia estética mágica, antes nunca sentida. Algo que hoy, en mi país, sólo está al alcance de las manos -y de la capacidad de pensar– de unos pocos artistas privilegiados; Vallpalou es uno de estos artistas privilegiados; casi deífica.

Os lo puedo asegurar: tardaremos en encontrar, en mi país, artistas como Vallpalou.

En fin, lo he dicho y lo subrayo aquí otra vez: en estos momentos, Vallpalou es la artista más prominente de la Cataluña occidental.

Ximo Company
Catedrático de Historia del Arte Moderno
Director del Centre d’Art d’Època Moderna CAEM

Junio de 2016

Latidos

Lugar: Fundación Vallpalou. Lleida.

Fechas: Del 14 de septiembre de 2016 al 30 de enero de 2017.

Inauguración: Miércoles 14 de septiembre de 2016 a las 19.30h.

Comisaria de la exposición: Conxita Oliver.

Crítica: Conxita Oliver, Ximo Company.

Siete ámbitos: Víctor Sunyol, poeta

Una selección de obra reciente, estructurada siguiendo un paseo por las distintas series, que se organiza en siete ámbitos.

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Inauguración de la exposición, 14 de septiembre de 2016.

Conxita Oliver
Latidos

En un mundo inmerso en la velocidad y en el torbellino de la información,  Vall Palou nos traslada a un cosmos de reflexión y de soledad que permite adentrarse en la esencia y en lo absoluto. Para la artista, el arte es una prolongación de la vida misma, un espacio donde busca reconocer el mismo estado de intensidad con el que vive.

Heredera de la tradición informalista y del expresionismo abstracto, rehúye cualquier fórmula expresiva para explorar e investigar una gran variedad de registros: pintura, grabado, dibujo, libro de artista y cerámica. Diferentes lenguajes que emplea en cada ocasión para conseguir los resultados expresivos deseados. Con una trayectoria silenciosa y en solitario, desarrollada por medio de un lenguaje estrictamente abstracto, ha llevado a cabo un meditado ejercicio de interpretación subjetiva de las sensaciones con una contundencia y una audacia de recursos que no esconden en ningún momento la vertiente introspectiva.

En la reivindicación de la pintura, su discurso va de lo gestual a lo matérico, pasando por el espacialismo y el tachismo. En unos espacios sin límites que materializa, normalmente, en grandes formatos, su práctica impulsiva y dinámica responde a las inquietudes más enérgicas que brotan con total libertad de ejecución. Deja de lado todo lo superfluo para quedarse con la pulsión del gesto, el camino del pigmento, el movimiento de la huella del pincel, la duración del trazo sobre el soporte, la acumulación de las densidades, el recorrido de los drippings… que sucesivamente se van superponiendo, solapándose y fundiéndose hasta llegar a establecer un entramado pictórico y una urdimbre reticular hecha de sutiles aportaciones y sedimentaciones. La propia cadencia energética otorga unas vibraciones que son las que ofrecen este pulso interior tan característico de su trabajo.

Verdaderos laberintos que nos permiten transitar visualmente por su interior, desde la superficie hasta las compactas profundidades y dialogar así con sus íntimos secretos que a menudo vislumbran resquicios de luz. En las composiciones actuales, el color toma protagonismo y las gamas se convierten en luminosas e impactantes: verdes, azules, rojos, blancos y negros, particularmente, se convierten en fulgentes vibraciones energéticas. Asimismo, los espacios atmosféricos anímicos, hechos de veladuras y vaporosidades, buscan el diálogo con masas compactas y campos monocromos de color que compensen el espacio con precisión constructiva.

Un trabajo de una incontestable afirmación pictórica que se interrelaciona en un todo único. Una batalla que el artista mantiene cuerpo a cuerpo con la obra, superponiendo, yuxtaponiendo, incidiendo… hasta que la propia obra ya no pide nada más, se da  por vencida. Pero este enfrentamiento no admite inseguridades, dudas o retrocesos, porque se consigue a base de disciplina, reflexión y exigencia en el método y en el proceso. De otro modo, no ganaría la imposición sobre la obra hasta doblegarla y hacérsela  suya. Una expansión visual y táctil de un gran placer estético, en que la profusión y la abundancia de accidentes matéricos conllevan una gran contundencia plástica y un sugerente lirismo, a caballo entre la fuerza de la emoción y del control mental. Una emoción que, progresivamente, se va filtrando a través de todo el proceso de ejecución, un apasionamiento que se ha ido racionalizando y alterando paso a paso desde el primer impulso motor.

Sin embargo, en contraposición, hay otras series que son producto de una acción mucho más directa que emergen de una forma totalmente fluida e impulsiva sin una suma de experiencias consecutivas. Son como organismos celulares o visiones microscópicas que se multiplican en una expansión corpuscular de evolución constante.

Con la práctica pictórica, Vall Palou ha hecho de las reivindicaciones del arte no figurativo no una limitación, sino, por el contrario, una imposición. Unos paisajes mentales que son el resultado de un proceso introspectivo, lleno de exigencias internas, cuestionamientos, planteamientos y retos personales que se convierten en el espejo sobre el que se reflejan los puntos más vitales de su yo. Unos escenarios que, dentro de una abstracción pictórica sustancial, en todo momento constatan el nexo que se establece entre el ser y el entorno.

En ese sentido, expresa los sentimientos más profundos del hombre: satisfacciones, frustraciones, dolor, alegría… mediante la aspereza de una textura, la vaporosidad de una transparencia, la organización estabilizadora, la estructura desequilibradora, los ritmos secuenciales de verticalidad extrema, la disolución y liquidez de la pintura; la dureza de un negro, la profundidad de un azul, la contundencia abrumadora de un rojo o la pureza infinita de un blanco. Prescindiendo de todo lo accesorio, nos ofrece aquello que es esencial en la más pura universalidad, es decir, el entramado íntimo del mundo. Un repertorio de energías formales liberadas en una explosión de matices y de registros que potencian la fuerza metafórica que permite a cada uno evocar su propio mundo imaginario.

Todo este proceso referido a los soportes del lienzo  se magnifica mucho más en el caso de los papeles. La radicalidad, espontaneidad, gestualidad y automatismo alcanzan las máximas consecuencias, sobre todo porque la misma técnica le ofrece mucha más libertad y le permite, por encima de todo, inmediatez. Las pinturas sobre papel de Vall Palou son directas, de primera intención y por eso conservan la frescura del primer vertido. Es un lenguaje privilegiado de expresión directa, de experimentación constante, un vehículo dúctil que le permite esa autonomía de actuación difícil de conseguir en la pintura sobre tela. Todo ello constituye una especie de laboratorio personal, el espacio más íntimo del artista, la descarga instantánea entre la mente y la mano que fluye vertiginosamente sobre el soporte; en definitiva, el medio que gana la batalla al tiempo. Para Vall Palou, esta práctica es una auténtica escritura del pensamiento, un ejercicio que permite seguir la huella de sus oscilaciones emocionales y de cada uno de los momentos concretos dentro del conjunto de su obra.

Por otra parte, la obra cerámica en rakú de Vall Palau, de piel seca y áspera, dialoga con una serie de pinturas negras de una profundidad espectral. Ve en la cerámica –el ancestral arte del barro y del fuego- la posibilidad de investigar nuevos planteamientos y nuevas morfologías. Una firme voluntad de experimentación, junto con la práctica del buen oficio y los intríngulis de la tradición, han dado como resultado una cerámica que, por encima de todo, es concebida como un arte puro que defiende la materia con toda su palpitación y sus cualidades intrínsecas. Si las morfologías tradicionales se han centrado exclusivamente en torno al vacío -donde reside su utilidad- y limitadas por formas que cierran el espacio interior dentro de las tipologías clásicas dirigidas a contener algo, sus piezas en material cerámico se abren y expanden en pro de la creatividad y del concepto. Transgredir la función de depósito y alterar formal y conceptualmente la concepción tradicional implica que el material cerámico puede usarse para crear objetos escultóricos, lejos de las formas ortodoxas como el tópico vaso, plato, tazón o recipiente que sirve para algo.

En su obra se manifiesta a menudo un equilibrio de contrarios que otorgan ese punto de polaridades antagónicas tan evidente en su trabajo: organización y caos; luz y oscuridad; placer y angustia; lleno y vacío; cielo e infierno… dualidades al servicio de una obra que se escapa del formato y se expande en todo momento hacia la tridimensionalidad.

La exposición actual reúne una selección de obra reciente, realizada en los últimos años, y se estructura siguiendo un paseo por las diferentes series, organizadas en siete ámbitos.

Una obra rigurosa, honesta y coherente, la de Vall Palou, que no hace ninguna concesión y que nos invita a profundizar para disfrutar de impresiones y sensaciones enriquecedoras. Una obra que reivindica las intenciones de la mirada y que deja en la percepción del espectador ejercicios diferentes que se pueden hacer a través de la memoria, el rastro, la reflexión poética, la permanencia ficticia, el camino del sueño… y nos potencian lo que Marcel Duchamp defendía al afirmar que el observador hace la obra.

Conxita Oliver
Historiadora del Arte y miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte

Génesis

Lugar: Fundación Vallpalou. Lleida.

Fechas: Del 22 de Septiembre al 31 de Enero de 2016.

Inauguración: Martes 22 de Septiembre de 2015 a las 20.00h.

Comisario de la exposición: Josep M. Sala-Valldaura

Crítica: Josep M. Sala-Valldaura 

Obra gráfica. Xilografías y litografías 2014-2015.



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