Teresa Salat
Ressó de Ponent
El informalismo de Vall Palou
En el actual panorama de las artes plásticas es difícil de definir cuál es la tendencia que aglutina mayor número de artistas o qué entra mejor en el mercado. Los museos están adquiriendo obras de net-art, totalmente manipulables en Internet, y al mismo tiempo, un neofigurativismo absoluto, casi fotográfico, llena muchas galerías prestigiosas. Al público le desconcierta no saber exactamente cuándo se encuentra ante una obra de un valor artístico incuestionable y cuando esta frente a un "divertimento" más o menos genial de un autor más o menos reconocido. Se han acabado los manifiestos de la primera mitad del siglo xx, que daban nombre a diferentes tendencias pictóricas y definían claramente sus objetivos.
La Documenta de Kassel de 1982, en vez de proclamar una tendencia o de consagrar un grupo, tal como hacía esta muestra desde los años cincuenta, propició las comparaciones entre generaciones y estilos antitéticos. En los años noventa se produce una revisión formalista de las últimas décadas, con especial énfasis en el carácter individualista, no subjetivo, de la creación artística. Esta idea de "todo es posible" potencia la puesta en escena de los grandes "gurús" de la crítica artística que pueden ser capaces, por sí mismos, de recoger gente de la calle y convertirlos en autores colocados puntualmente en la cresta de la onda.
nte este panorama artístico que nos permite aceptar cualquier muestra de arte, el espectador tiene mucho cuidado en colocar dentro de los hogares lo que para él tiene un significado especial y dentro de algunas cajas fuertes aquellas obras que tienen el sello de mercado de valores, aunque sea del mercado de futuros. Con todo, es la sinceridad del pintor lo que sigue dando credibilidad a una obra. Y dentro de este terreno de pintura sin añadidos de falsa sabiduría ni concesiones comerciales, podemos incluir el trabajo de Vall Palou. El artista, como diría Curro Romero, no torea para el público, sino para ella misma.
Los incios de la pintura de Vall Palou
La facilidad que Vall Palou tenía por el dibujo la llevaba, en sus primeros años de escolaridad, a intercambiar con sus compañeras de clase láminas de dibujo que debían presentar a las profesoras para deberes que a ella no le apetecía hacer. Compartía con una amiga la manía por los trabajos manuales creativos, por las muñecas de trapo que luego vestir y desvestir y que le posibilitaban vivir en un mundo ajeno a todo lo que ella consideraba la diaria monotonía de las clases. Aunque tenía claro que estudiaba veterinaria, al terminar su horario en el colegio iba Escuela de Bellas Artes, donde aprendía a plasmar sobre el papel con acuarelas, témperas o carboncillo, en un clasicismo absoluto, las jarras, los bustos de yeso o los perfiles de curiosos personajes que se prestaban a hacer de modelos hasta alcanzar la pericia que sus profesores consideraban adecuada y correcta.
En 1989 se integra en un grupo de aficionados a la pintura que, bajo la guía de una profesora, buscaban el camino para desarrollar su sensibilidad. En este entorno, ella empieza a trabajar los colores con una autonomía que no había tenido nunca en sus clases convencionales, su capacidad de creación y de expresión artística se veía potenciada por una maestría que no la ligaba ni la sometía. Una muestra de esa libertad era la rebelión contra los órdenes corrientemente aceptados: la perspectiva aérea, la gradación de tonos, la plasmación de la realidad captada por el ojo ... su espíritu díscolo no se ajustaba a estas normas prescritas y la profesora le estimulaba en la búsqueda de nuevos caminos. Un ejemplo de esta época es la tela Persona y Animal. La propuesta era sencilla: un precioso gato blanco-persa-que holgazanear en un sofá de la propietaria de la casa donde se daban las clases, fue el tema que ellos tenían que captar. El cambio de espacio, de colores y la puesta en escena de una realidad vivida, que no vista, da la obra su dimensión artística.
Cuando el grupo se deshizo, Vall Palou tenía claro que quería dedicar toda su energía a la pintura y comenzó a trabajar frenéticamente con los colores y su capacidad para poder transmitir muchas de las sensaciones que ella no podía sacar de su interior si no era por este medio. Aunque había pintado desde siempre, es en esta época cuando inicia las primeras exposiciones y se da a conocer en el mundo artístico donde es considerada como la pintora de los paisajes interiores, del informalismo anímico.
El informalismo en la pintura de Vall Palou
El informalismo es un término asumido desde el año 1952. Nace simultáneamente en París y Nueva York, pero tarde a arraigar en la sociedad artística española para que el espíritu de la época franquista era mucho más propicio al arte figurativo, que daba seguridad al espectador, a poder identificar y, por tanto, entender lo que veía, que no al arte informal en que la transmisión del mensaje suponía un gran esfuerzo mental y el público no podía tener la certeza absoluta de que la pintura estaba bien hecho, que se había realizado correctamente o genialmente, es decir, que se ajustaba a unas normas aceptadas por todos. El crítico Antonio González define este movimiento como la ausencia total de las formas recongnoscibles y un acercamiento a lo que los científicos denominan "modelo caogen", por su máxima indeterminación y dispersión y, como consecuencia, se potencia la exaltación los mecanismos irracionales.
Otros, como el profesor Omar Di Sevo, lo definen desde un punto de vista negativo, avisando el estudioso que en esta corriente no encontrarán nunca la armonía de las proporciones, afirmando que ataca la noción tradicional de la belleza, que sólo el impulso promueve la creación y que ésta es la expresión directa, no deformada, de la cultura, deduciendo, como consecuencia, que todos somos maestros de la pintura.
En cuanto a la manera de mostrarse, es mayoritariamente aceptada su división en pintores gestuales, tachista, matéricos y espacialista, según dejen libre su gesto y esté sólo dominado por el impulso, utilicen manchas coloreadas para sus composiciones o que, prescindiendo de los materiales tradicionales, trabajen las superficies con elementos ajenos a los pictóricos tradicionales o bien, en el caso dl'últim grupo, realicen obras conformando el concepto del espacio de manera diferente la expresión de la tercera dimensión utilizada por los pintores tradicionales . Con todo, desde dd'un principio, todos los críticos coincidían en que estos estilos de la pintura informal casi nunca eran utilizados en su vertiente más pura para un solo artista.
Es difícil encajar este abanico de definiciones la obra de Vall Palou. Ciertamente no tiene nada que ver con una "máxima indeterminación y dispersión", ni tampoco con un "ataque a la noción tradicional de la belleza". Debemos tener en cuenta, además, que gran parte del expresionismo abstracto americano, que es como se suele denominar el informalismo en el otro continente, nació, entre otras causas, por influencia de los pintores surrealistas europeos que huían de los gobiernos dictatoriales de sus países y que, por tanto, la importancia del impulso surgido del subconsciente es un valor real a la hora de juzgar este tipo de pintura. Es así que en la obra de la pintora no vemos el encaje en una técnica o una escuela determinada, sino un tipo de trabajo en el que se resalta su interés por el mundo interior y la indiferencia o incluso el rechazo hacia los convencionalismos. El espacio virgen de la superficie a la que se enfrenta un desafío, un terreno de combate donde la pintura surgida de la preparación exhaustiva de este espacio, que será el fondo de su realización, se convierte en el depósito de sus emociones más intensas.
Vall Palou se mueve constantemente investigando, no sólo las posibilidades cromáticas de su paleta, sino también analizando la realidad que le rodea, de manera que su obra transmite en cada momento la desazón, la melancolía, la ironía, la felicidad. .. que interpreta tanto con los colores, cálidos o fríos, como con texturas, gruesas o tenues, o bien con el movimiento inquieto o pausado de su mano, o con las líneas invisibles con que compone sus cuadros y que les dará la estabilidad para el predominio vertical u horizontal, o tal vez un buscado desequilibrio logrado por la utilización de las diagonales o espirales. Esta comunicación entre espíritu y gesto es lo que realmente da sinceridad a su creación artística y, por tanto, el potencial más atractivo de sus realizaciones. El resultado es el de una pintura que más que renunciar en la forma profundiza en los espacios, donde un observador atento puede seguir en ella la diversidad de estados de ánimo que lo ha hecho posible.
Por lo tanto, aunque podamos definir como informalista la obra de esta pintora, no utiliza casi nunca el hard edge EEUU (llenado total de la superficie del cuadro), sino que se hace evidente en sus realizaciones la base académica que domina la composición y que la puerta tanto a focalizar la pintura como darle un fondo que compensa el movimiento del color el la superficie. Esta conjunción que reúne, por un lado, la sensualidad pictórica que es fruto de la fluidez expresiva interna y espontánea y, por otro, la ordenación reglada de la pintura, asegura que, si bien en una primera lectura su producción pueda quedar interpretada como un ligamento de colores más o menos intenso y más o menos agradable a nuestra mirada, cuando nos acercamos y nos dejamos envolver por este estallido coloreado, podemos percibir el alma del cuadro y cuando lo miramos con ojos técnicos, comprobamos que la disposición del conjunto está centralizada y equilibrada en su peso dinámico y que, muy a menudo, prescinde de los extremos angulares del apoyo para concentrarse en este espacio central donde intensifica su fuerza.
La técnica
El espíritu inquieto de Vall Palou la lleva a experimentar con todo tipo de bases. Además de la tela tradicional o la madera, ella trabaja con papel, ladrillo, ropa, espejo, vidrio, porcelana, cerámica .. que colorea y dibuja con todo tipo de pigmentos, de aglutinantes o de elementos foráneos a la pintura, como hojas portadas de la Amazonia, pequeños patitos de plata o flores extraídas de los "bailes de ramos", también el grabado es tratado con la misma pasión que le atraen los retos y los experimentos, para poder llevar a cabo un trabajo en el que expresa todo lo que le hierve el alma, en grandes o escasas dimensiones, con el gesto, las manchas de colores, los elementos en "collage" o conformando nuevas maneras especiales.
El movimiento de su mano no es sólo una emoción nerviosa que, en un solo trazo, se plasma sobre la tela, sino que su trabajo se convierte, por un lado, un proceso de concentración, de preparación cuidadosa de la base pero , por el otro a medida que va conformando este fondo, va configurando los colores que surgirán en la superficie y que darán la personalidad a la obra final. Tampoco el pincel es el único medio de comunicación entre ella y su producción. A veces los tubos directamente aplicados a la superficie le dan la posibilidad plástica que busca, otros sus propios dedos o cualquier elemento que pueda ayudar a conseguir la textura buscada, como la espátula o la gubia, le ayudan a combinar espacios lisos y relieves surgidos de la acumulación de pintura aplicada, que producen por sí mismos diferentes proyecciones de luces coloreados y pequeños sombreados.
El resultado final es el de un proyecto absolutamente personal y sincero que conjunta la técnica aprendida desde su académica juventud con la experimentación revolucionaria de una madurez adquirida con la constancia del trabajo bien hecho, pero teniendo en cuenta que, al mismo tiempo y en la misma línea de Gorky, lo que hace es empezar a pintar, nunca acabar de pintar, porque sus obras tienen un peso específico derivado de la vivencia de cada momento y pueden ser transformadas por su gesto, cuando su mirada puerta una carga anímica que no le deja aceptar lo que ve como obra definitivamente terminada. Como no ha fijado unas coordenadas inamobibles, esta actitud le posibilita un estado permanente de transformación y de fluidez, surgida del monólogo interior relacionado al mismo tiempo con la comunicación y el silencio, que no es objeto de discusión, sino vehículo de expresión.
Generalmente opta por renunciar a las formas, de esta manera, poder profundizar en los espacios, pero sus composiciones pueden tener tanto en el gesto subjetivo, antinarratiu, de una exposición cromática, como la explicación, siempre sintética, del ambiente que lo rodea o del estado de ánimo de un momento determinado. En el primer caso, una vez los colores han ocupado su lugar, estos pueden dejar adivinar formas y paisajes que han surgido espontáneos del proceso generado por el trabajo de la creadora. Pero también en obras que inician un discurso más o menos complejo, que puede quedar negado por la potencia del gesto o del color e instalarse en el umbral de la obra informal. A veces, es el movimiento nervioso y rápido que da un punto final a la superficie, pero ésta ha sido previamente trabajada para que tenga la consistencia espacial que el artista necesita para encontrarse a gusto con su obra.
Teresa Salat
Historiadora y crítica de arte







